25 de mayo 1810-2018: súbditos en búsqueda de su libertad.

Por Celia Basconzuelo (CEGRA-CONICET) Profesora en los Dptos. de Historia y Ciencias Jurídicas, Política y Sociales de la  Facultad de Ciencias Humanas – UNRC.

 

El calendario cívico conmemora los doscientos ocho años de aquel acontecimiento que en respuesta a un episodio localizado en la metrópoli española (la Junta Central de Sevilla cercada por el avance imperial francés) abría para los súbditos rioplatenses la posibilidad histórica de abrazar la libertad política.

 

Una posibilidad no desaprovechada que, tras revisitar ese momento fundacional de nuestra historia, resalta por encima de sus múltiples obstáculos y vicisitudes diversas. Éstas, por cierto, resultan notables. En efecto, transitar de súbditos a artífices de su propio destino político no deviene inmediatamente en un proyecto consensuado de Estado independiente. La igualdad republicana, tan proclamada desde el discurso, no consigue arraigar en las prácticas; y es ésta una tensión que experimentan en clave clientelar y subalterna tanto negros e indígenas como criollos y provincianos pobres. La naciente comunidad política se desvela por obtener apoyos externos; sus emisarios frecuentan las cortes europeas pues la americaneidad latina -ella misma sujeta a los extravíos estatales y republicanos- es una construcción tardía e incompleta. Los vínculos económicos de subalternidad marcan la génesis de nuestra historia, y así el antiguo pacto colonial con España muda por un pacto mercantil con la metrópoli británica. El territorio que otrora comprendía la actual Bolivia, Paraguay, Uruguay se pierde, desagrega, mientras la base de la futura argentinidad compulsa internamente con las fuerzas vitales de la localidad.

 

Los desaciertos se multiplican. Aquel “grito sagrado” libertario pierde por momentos el rumbo inicial y deviene en guerra, por la independencia primero y fratricida después. Las “provincias unidas” y “el pueblo argentino” son todavía tareas por construir. La violencia política puebla algunos discursos y se apodera de otras prácticas. Se adoptan como modelos propios de organización institucional los diseñados en otras latitudes de occidente.

 

Sin embargo, algunos desafíos se encaran y se sortean con éxito. Desafíos que al revisitar aquel pasado de estampas, la memoria colectiva no debiera soslayar.  Porque resaltan también entonces acciones de profundo coraje cívico y político. De hombres como Castelli y Belgrano que abandonan la tranquilidad de sus bufetts de abogados por el uniforme militar y los campos de batalla.  De políticos como Moreno, decididos a dar la batalla por la constitucionalidad del país. De negros y mulatos que engrosan las filas del ejército patriota. De mujeres de renombre y otras anónimas que se suman voluntariamente al proyecto de “una nueva y gloriosa nación”. De peones, jornaleros y elites que desde el interior profundo disputan, interpelan y hacen oír su voz y sus proyectos.  De ese puñado de criollos que seis años después, en la recóndita Tucumán, y frente a toda una Europa coaligada contra las revoluciones y una América latina subyugada, se animan a proclamar la independencia.

 

Así es. Argentina reconoce en su historia bicentenaria momentos gloriosos, así como crisis profundas. De las segundas supo erguirse, recomponer desde las partes y esculpir procesos, algunos de los cuales resultaron paradigmáticos para el resto del continente. Esa fibra colectiva, de inexplicable voluntad creadora, recorre imperceptible a veces la argentinidad y cuando es oportuno, se expresa.

 

Si la palabra “conmemorar” significa, en su raíz etimológica latina, “recordar”, vale la pena revisitar el pasado para entender el presente y recuperar claves para una actualidad que vuelve a interpelarnos como sociedad en su conjunto. Dirigencias y ciudadanos, los que hicieron historia, los que entonaron aquel primer himno y proclamaban que “se levantaba a la faz de la tierra una nueva y gloriosa nación” podrían interpelarnos: ¿por qué no asirse una vez más de aquel proyecto fundacional de la Patria que declinaba la condición de súbditos para abrazar la libertad en todas sus dimensiones? Ese sería una vez, más el verdadero “grito sagrado”.   

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