De regreso del CILE

Por Prof. Mgter. Cristina del Valle Núñez, Docente del Departamento de Letras

Del 27 al 30 de marzo se realizó en la ciudad de Córdoba el VIII Congreso Internacional de la Lengua Española; sí, española, más allá del pesar de muchos y de la desaprobación de tantos otros que pusieron sus palabras a este particular evento. Tuve la dicha de participar y trataré de expresar mis impresiones.

¿Es un evento político? Seguramente, sí. ¿La Real Academia Española pretende prescribir muchos usos y desterrar otros tantos? Seguramente, sí. Sin embargo, en las diferentes plenarias y paneles a los que asistí pude escuchar con muchísimo gozo a lingüistas, escritores, periodistas, etc. argentinos, mexicanos, chilenos, peruanos, venezolanos, puertorriqueños… y españoles (obvio) expresarse y discutir sobre los más diversos temas, sin que mediara ninguna agenda, temario o censura. Se pusieron sobre la mesa cuestiones como “el sexismo lingüístico”, “el lenguaje inclusivo”, “el desdoblamiento del género” y el debate “español o castellano” con total sinceridad, aunque no sin incomodidad, sobre todo para algunos. Tuve el placer de escuchar al mismísimo Ignacio Bosque, pero no durante su conferencia, sino como uno más de los asistentes defendiendo su postura, la de él y la de toda la RAE, sobre el lenguaje inclusivo.

Llegar a este Congreso sin prejuicios, como tantos egresados y alumnos del profesorado de Lengua y Literatura de la UNRC, con quienes tuve el gusto de cruzarme, me permitió escuchar a académicos, escritores y periodistas que presentaron ponencias de un alto nivel científico y argumentativo.

Escuchamos al escritor y periodista chaqueño, Mempo Giardinelli, expresar desde lo más profundo su opinión sobre la RAE, el gobierno actual y la educación. También, a la periodista Soledad Gallego-Díaz Fajardo, directora del Diario el País de España y la primera mujer en ocupar ese puesto desde la fundación del periódico, quien con 68 años, después de ser corresponsal en diversas partes del mundo, habló de su ferviente feminismo y se declaró defensora de la lengua del Congreso.

La enorme escritora María Teresa Andruetto fue quien tuvo el honor de ser invitada a cerrar el Congreso y, sin querer, porque no estuvo en las jornadas de los días anteriores, magistralmente, unificó en su discurso lo que se dijo de tantas maneras durante los tres días previos. Advirtió:

“No fue sencillo para mí aceptar la invitación a cerrar este congreso, por las disidencias diversas que con él tiene, por razones también diversas, la comunidad a la que pertenezco y por mis propias disidencias.

Me tranquilizan dos cuestiones, la primera es que antes de aceptar hice saber mi posición y la invitación se sostuvo –con un espíritu democrático y una amplitud que mucho agradezco–; la otra es que estoy aquí como escritora y el lugar de quien escribe es, en lo que respecta a la lengua, un lugar de desobediencia, de disenso. En nombre de ambas cosas digo estas palabras.”

Dijo todo, sin tapujos, sin censuras, como ocurrió a lo largo de todo el Congreso.

Esa es mi impresión.

 

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