Día de Solidaridad Intersexual. Por Gustavo Martin - Sec. Adjunto Centro Interdisciplinario de Estudios Género, Sociedad y Cultura (FCH, UNRC)

“He sufrido mucho y ¡he sufrido solo, abandonado por todos! Mi lugar no estaba marcado en este mundo que me rehuía, que me había maldecido”

- Herculine Barbin, 1863 -

 

El 8 de noviembre se constituye como el Día de Solidaridad Intersexual, propuesto por la Organización Internacional de Intersexuales (OII), en conmemoración del nacimiento de Herculine Barbin, un hermafrodita francés quien vivió entre 1838 y 1868 y que fallece a la edad de 30 años tras suicidarse. A Herculine le definieron como mujer al nacer pero luego de un examen físico a los 22 años le legalizan como varón. En su autobiografía Memorias de Herculine Adelaide Barbin, la cual deja al lado de su cama tras inhalar el gas de la cocina, expresa: “El Estado civil me llevaba a formar parte de esa mitad del género humano llamada el sexo fuerte”. En el examen mencionado médicos descubren que Herculine tenía una pequeña vagina, un cuerpo masculinizado, un pequeño pene y testículos dentro suyo. Seguidamente, le dan el nombre de Abel y le obligan a vestir ropas “masculinas”.

Michel Foucault, filósofo francés de renombre mundial, encuentra estas memorias y en sus escritos se pregunta: ¿Tenemos necesidad de un único sexo verdadero? manifestando que Occidente responde afirmativamente. Sin embrago, durante siglos, se admitió que una persona hermafrodita tenía dos sexos y en algunas legislaciones de la Edad Media correspondía a padres o padrinos (aquellos que “nombraban” al niño) determinar en el momento del bautismo, el sexo que iba a mantenerse, aconsejándose también escoger el que parecía predominante. Pero al momento de casarse, la persona hermafrodita era libre de querer o no continuar siendo del sexo que le atribuyeron o si prefería el otro. La única condición impuesta, dice Foucault, era la de no cambiar nunca más, bajo pena de sodomía (práctica del sexo anal). Por ello concluye, las condenas a hermafroditas en la Edad Media y el Renacimiento no fueron por su propia morfología genital sino por cambiar de postura respecto de lo elegido en dicha instancia. Pero el mundo moderno construyó la idea que solamente puede existir un único sexo y un único género para cada cuerpo.

Y ello tiene que ver con que Occidente piensa la sexualidad como algo fijo. De hecho, admite la homosexualidad pero también como una condición con la cual se nace y se muere, sin tener en cuenta que la sexualidad es de hecho maleable, modificable y ante todo una identidad siempre en construcción. Es menester destacar que hasta entrado el siglo XVIII, la ciencia expresaba que solamente existía un solo cuerpo con dos sexos (el denominado Modelo de Galeno), la vagina era vista como un pene invertido y la mujer como un ser a medio camino en la evolución que no tuvo la fuerza suficiente de expulsar su vagina y ovarios como forma de pene y testículos hacia afuera. Pero incluso, términos como homosexual, heterosexual y sexualidad surgen en mitad del siglo XIX de mano de la medicina, el derecho y la psiquiatría, con objeto de normalizar la heterosexualidad y patologizar la homosexualidad, es decir, producir un tipo de sexualidad “normal”. También, la palabra “género” la instituye el Dr. John Money entre 1940 y 1950 para reducir la multiplicidad de cuerpos a dos sexos: masculino y femenino. En sí, la categoría de género, como aquello modificable hasta los 18 meses, en palabras de este médico neozelandés que fallece en 2006, es un concepto creado para abordar “el problema de la intersexualidad”.

Desde entonces, la Modernidad ha llevado a cabo un genitalicidio a través de sus prácticas médicas como las operaciones quirúrgicas utilizadas para convertir a cuerpos hermafroditas en cuerpos hombres o cuerpos mujeres. Un micropene, un pene y una vagina, pene y ovarios, vagina y testículos (entre la gran diversidad genital) han sido amputados sin el consentimiento de los sujetos, y sin importar si era realmente o no un riesgo potencial para la salud (tanto el tener esa morfología como la propia cirugía que en numerosos casos ha terminado con el suicidio de algunas personas). Lo hizo solo con el objetivo de convertir a los sujetos hermafroditas (hoy llamados intersexuales) en hombres o mujeres según los estándares manifestados en los protocolos médicos para la intersexualidad.

En el mundo del siglo XXI, nos debemos entonces un debate sobre el derecho a la intersexualidad, pues permitiendo la diversidad de cuerpos, la idea del género como binario, esto es, la existencia indiscutible de dos géneros opuestos y complementarios, se derrumbaría y por ende las discusiones sobre la homo y heterosexualidad también, debido a que éstas existen en la medida que haya hombres y mujeres. El derecho a la identidad sexual y a la intersexualidad, es así una deuda pendiente de nuestras democracias generizadas, cuando por fin el Estado deje de estar obsesionado con saber cuál es nuestro género y evite preguntarnos en cada documento público a qué sexo pertenecemos.

La Ley de Identidad de Género en Argentina es un paso importante pero no suficiente ya que no permite la existencia de otros géneros, como por ejemplo hoy Alemania lo está haciendo lentamente, al crear la categoría jurídica de “género indeterminado”. Es un debate de la modernidad sí, pero también de los derechos de personas que otrora, -incluso en muchas sociedades precolombinas-, eran reconocidas como parte integral de la sociedad. Hay quienes dicen que a Colón se le complicó un poco el dividir a sus colonizados en hombres y mujeres.

 intersexualidadPinturas: Sergio Villar.-

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