“(…) ¡Murió don Martín! ¡Murió don Martin! Lo está llorando el gauchaje”: a 198 años de la muerte del “gaucho guerrero”

Por Gabriel Fernando Carini. Prof. en el Departamento de Historia, Facultad de Ciencias Humanas de la Universidad Nacional de Río Cuarto.

 

Como reza la zamba interpretada por el célebre cantor Horacio Guaraní, el próximo 17 de junio se conmemora un nuevo aniversario del paso a la inmortalidad de Don Martín Miguel Juan de Mata Güemes Montero de Goyechea y la Corte, más conocido como Martín Miguel de Güemes. Esta coyuntura plantea unos interrogantes básicos para los que –alejados de los anales de la Historia– fueron sorprendidos por la presencia en el calendario de un nuevo día no laboral dedicado a un “oscuro provinciano”. Así, la conmemoración se presenta como una oportunidad para repensar los relatos escolares groseramente simplificados y construidos no solo desde la lógica capitalina sino también desde una interpretación eminentemente urbana. En este sentido, resulta necesario pasar revista sobre al menos dos claves que nos pueden ayudar a dimensionar no solo la figura de Güemes sino también el proceso revolucionario abierto en 1810 en el interior del antiguo Virreinato del Río de la Plata.

 

Un primer elemento consiste en matizar la imagen que la historiografía liberal construyó (y que la cultura escolar reforzó) sobre los sujetos que representaron los intereses regionales (muchas veces opuestos a Buenos Aires), presentándolos –en ocasiones– como brutos, salvajes y mezquinos líderes militares o reduciendo su injerencia a coyunturas locales, casi a mero anecdotario. Martín de Güemes era un conspicuo miembro de la élite salteña, una de las más poderosas en tiempos coloniales. Su padre, de origen español, se encontraba vinculado a la administración del tesoro imperial y su madre provenía de una distinguida familia jujeña, también de ascendencia española. Estudió en el Real Colegio de San Carlos de Buenos Aires e ingresó tempranamente a la carrera militar, participando de forma activa en la defensa del territorio frente a las invasiones británicas. Al producirse los acontecimientos de mayo, Güemes se incorporó al Ejército Auxiliar que se dirigía hacia el Alto Perú por orden de la Primera Junta y participó de la batalla de Suipacha que puso freno al avance realista. De ahí en más se convirtió en una figura central para la consolidación del proceso independentista americano. En 1814 fue nombrado Jefe de Vanguardia en la frontera, posición desde la cual comenzó a aglutinar la resistencia frente a los españoles en el marco de lo que la historiografía reconoce como “guerra gaucha”. Un año más tarde fue designado Gobernador de la provincia de Salta, lo que lo consolidó hasta su muerte, en 1821, como un referente en la dinámica política en tiempos de guerra revolucionaria.  

 

El segundo elemento clave para la comprensión del papel de Güemes en el proceso revolucionario consiste en dimensionar el lugar estratégico que los actuales territorios del norte argentino, especialmente Salta, ocupaban en el entramado imperial español. Salta era un punto neurálgico en el comercio mular articulado a la explotación de plata potosina en el Alto Perú. Por ende, era un eslabón significativo en el funcionamiento de la principal actividad económica, la extracción de plata. Esta posición convirtió a la elite salteña no solo en una de las más ricas del virreinato sino también en una de las mejores conectadas al poder real. No obstante, diferentes medidas enmarcadas en el reformismo borbónico de fines del siglo XVIII generaron tensiones en esa configuración social y económica (como el goce del fuero militar y el ascenso social que habilitaba en sociedades donde el cambio de estrato era prácticamente imposible), que el estallido del proceso revolucionario no solo agudizó sino que volvió irreversibles.

 

La crisis imperial ocasionó un reacomodo de los equilibrios políticos que en la actualidad nos es casi imposible dimensionar. Los tiempos de la revolución abrían nuevas posibilidades para aquellos que se mostraban más o menos hábiles con las destrezas castrenses. Las élites eminentemente urbanas asociadas a la administración imperial y al comercio que hasta ese momento habían digitado los destinos del poder fueron abruptamente desplazadas y sus históricas fuentes de riqueza, poder y prestigio se vieron conmocionadas con el accionar del gobernador y sus gauchos. Así, los líderes milicianos con una base social y económica asociada al agro se convirtieron en un nuevo factor de poder. Estos sujetos representaban los nuevos tiempos que se avecinaban, donde aquellos capaces –como Güemes– de conformar y movilizar milicias aunaban poder militar y político, lo que los habilitaba a dirimir los destinos de vastos territorios. Esto explica la lectura ambigua que produjo la muerte de Güemes, celebrada por parte de esa elite.

 

A casi 200 años de su muerte, Martín de Güemes ingresó al panteón de próceres de nuestra historia en el marco de la revalorización que se produjo con la celebración del Bicentenario de la Revolución de Mayo. Esta cuestión nos enseña que el pasado no es un dato cierto sino que se encuentra en permanente revisión y que las historiografías locales y regionales contribuyen a complejizar un pasado monocorde y globalizante fabricado desde Buenos Aires.

guemes

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