Territorio de redes El departamento de Geografía trabaja junto a Techo en el asentamiento Islas Malvinas, transformando microbasurales en espacios de recreación y conformando redes de trabajo que buscan mejorar la calidad de vida de los vecinos.

En la periferia de la ciudad se encuentra el asentamiento Islas Malvinas, de 3 kilómetros de largo y en el que viven aproximadamente 85 familias. El asentamiento existe desde la década del 50 y hasta hace algunas semanas no contaba con el servicio de recolección de basura. Esto, sumado a que muchos vecinos de otros barrios, empresas y supermercados arrojan su basura en el lugar, llevó a la generación de tres microbasurales: uno con restos de escombros y materiales de construcción, otro con materiales industriales y el tercero con restos de comida vencida. Este último es motivo de conflictos, ya que es fuente de contaminación pero también de alimentos para muchos de los vecinos que viven solamente de esos restos de comida.

La organización social Techo trabaja en el lugar desde hace 3 años y luego de detectar esta y otras  problemáticas se puso en contacto con docentes del Departamento de Geografía, creándose así el proyecto de extensión “Asentamiento Islas Malvinas. Propuesta de reducción de microbasurales en el sector a partir de la reconversión de los sub-espacios con la participación del colectivo de los sujetos territoriales involucrados”, en el que también participan docentes y estudiantes de la Facultad de Agronomía y Veterinaria.

Día de encuestamiento Malvinas

En una primera instancia se realizó un relevamiento demográfico, que permitió conocer en profundidad las problemáticas que afectaban y afectan al barrio. Para evitar conflictos entre los vecinos, se decidió comenzar con la resignificación del microbasural de escombros  y convertirlo en, por ejemplo, una cancha de fútbol o en una plaza con árboles nativos. Para hacerlo, siguieron las pautas de trabajo de Techo, conformando mesas de discusión con los vecinos, para hacerlos participes del proceso. “No queremos llevar soluciones mágicas sino que son construcciones colectivas”, dice Pablo Pizzi, profesor del Departamento de Geografía e integrante del proyecto, quien cuenta además que han realizado charlas de higiene a los niños y a las niñas del barrio, como el lavado de manos o la higiene bucal.  “Todo está validado por la mesa, nada se hace sin consultarle a los vecinos. Si ellos nos dicen que no se termina todo y dejamos ahí, porque ellos son quienes viven y van a seguir viviendo ahí”, dice Sofia Lanzelotta, voluntaria de Techo.

Si bien en un comienzo, la gente de Techo y del Proyecto eran los únicos trabajando en el barrio, actualmente cuenta con la presencia de otras organizaciones sociales de la UNRC, como Los Gigantes, Atajo, el Centro de Investigación y Formación Docente (CIFOD), entre otras. Marisol Chacón, directora de Techo, resalta la importancia del trabajo en conjunto con la Universidad, ya que este contacto es muy valioso para los vecinos y ha alimentado otros procesos. Fue gracias al trabajo en red de Techo y distintas organizaciones de la UNRC que se logró que el camión recolector pase por cada una de las casas del asentamiento.

Charla sobre Higiene Malvinas

“Los vecinos al tener estas ganancias inmensas van alimentando otro tipo de cosas, van ganando confianza en sí mismos y en el Proyecto.  Ahora son parte de otras cosas, como la recolección de basura directa, están construyendo tachos con material reciclable, participando de talleres que brinda la Secretaria de Higiene de la Municipalidad,  están sacando fotos para hacer registros y poder pedir que realmente se haga una limpieza profesional del territorio”, cuenta Chacón y añade que estos trabajos en red hacen que los vecinos se sientan acompañados, que tengan voz en cuestiones en las que hasta hace poco no tenían.

Según indica Pizzi, todo esto está generando un modelo de gestión territorial que si es capitalizado puede llevarse a otros sectores de la ciudad, siempre respetando el espacio del otro, de la organización, de las carreras  y así construir, cada uno desde su lugar, nuevos vínculos.

Esta suma de voluntades permite encarar las acciones de otra manera, se convierte en un trabajo en equipo en el que todos aportan algo y le da otro peso a los resultados obtenidos. ”Esto hace que podamos hacer un trabajo mucho más integral para el barrio, que el vecino se vea identificado y pueda ir a cualquiera de las organizaciones con las que se sienta más cercano “, dice la directora de Techo.

Para Leonardo Cancio, becario del proyecto, la red que se generó entre la Universidad y el asentamiento, son pequeñas cosas que re significan a la universidad pública en un contexto donde se busca desprestigiarla. La experiencia, además, permite nutrir la formación profesional. “Es importantísimo que la universidad vaya a los barrios e intente articular el saber técnico, científico con el saber de los vecinos y las vecinas”, sostiene.

El proyecto permite resignificar no solo el microbasural del barrio, sino también a la geografía como ciencia, acercándola a la gente. “Todas estas cosas no están en los libros, te las da la experiencia de estar en el territorio, gestionando. Es un aula a cielo abierto porque vas vinculando lo aprendido en distintas materias”, dice Pizzi.  

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