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“Jóvenes, escuela y comunidad. Prácticas sociocomunitarias desde la Educación Popular” es el nombre de la práctica sociocomunitaria que reúne a las carreras de Psicopedagogía y Trabajo Social en la escuela Quechalén del barrio Obrero, un secundario de modalidad rural y trabaja desde los lineamientos de la educación popular, abierto a la comunidad, con promoción y potenciación de los derechos de los jóvenes.

La profesora Silvina Baigorria, de la cátedra de Sociología de la Educación –Psicopedagogía-, explica que desde la materia se mira de forma privilegiada este tipo de educación porque establece  procesos educativos enmarcados en un proyecto social de trasformación de las desigualdades y las injusticias.

Si bien la práctica comenzó este año, desde la carrera de Psicopedagogía, la Educación Popular se trabaja desde el año 2010 con prácticas sociocomunitarias y anteriormente a través de proyectos de extensión. “Cada año le vamos encontrando vueltas diferentes que nos hacen completar, profundizar y construir teoría en relación a lo que es la práctica sociocomunitaria. No la entendemos como una práctica del hacer ni para implementar lo que aprendemos acá, sino que estamos construyendo conocimiento en la medida que vamos dialogando con el territorio, escuchando demandas, recuperando formas de trabajo, conjugando propuestas”, expresa la docente. Agrega además que intentan que el diálogo con el territorio no sea lineal, ya que consideran que en ambos lados hay conocimientos y articular los distintos saberes es la mejor forma de construir un espacio de práctica, formación e investigación.

Las tareas que desarrollan docentes y estudiantes de psicopedagogía son: intervenciones en talleres que abordan las problemáticas juveniles y del barrio -en los que muchas veces participan otros colegios, organizaciones sociales y practicas sociocomunitarias-; y las tutorías a estudiantes con trayectorias escolares dificultosas, que se realizan durante los últimos meses del año.

Participan también de la Minga de Saberes, una fiesta que se realiza una vez al año y propone la circulación de saberes barriales. Allí se convocan vecinos del barrio y a los padres de los chicos para que sean ellos los encargados de dictar talleres de cocina, música o mosaiquismo, y de esta manera invertir los roles con los docentes, quienes habitualmente enseñan. Esta actividad busca legitimar los saberes populares que existen en el barrio, que son tan válidos e importantes como el conocimiento que circula en la escuela. Es una forma de valorar a las familias y la procedencia de los estudiantes.

Este año Quechalén cumple 10 años y es en ese marco que los integrantes de la práctica colaboran con la recuperación y sistematización de la historia de la escuela y del barrio, a través de una muestra fotográfica y de entrevistas realizadas a los abuelos del barrio, con la intención de recuperar la memoria del lugar y resignificar la historia de la escuela con las voces de sus protagonistas.

La docente explica que este tipo de actividades en la carrera es un posicionamiento político, que no solo responde a un interés de vinculación entre la Universidad y el territorio, sino que también hay un interés pedagógico por construir conocimientos con otros que tiene saberes, formaciones, expectativas particulares, y este conocimiento que se genera en estos procesos es tan válido y legitimo como el que se da en otros momentos y espacios.

La articulación con la asignatura Práctica de Indagación e Inserción Profesional de la Licenciatura en Trabajo Social, permite hacer abordajes más completos y ayuda a profundizar la formación de las estudiantes, quienes valoran la experiencia de forma positiva y trabajan en espacios áulicos comunes creados para la reflexión y el aprendizaje.

Para la profesora Baigorria, la implementación de esta actividad tiene como obstáculo el tiempo, ya que los tiempos de las prácticas no se condicen con los universitarios. “Tomar a la práctica como una dimensión pedagógica central requiere revisar horarios, tiempos, exigencias, flexibilizar el currículo y mirarlo más integralmente, hacer mayores vinculaciones entre las materias de las carreras. Implica trazar puentes entre cátedras y carreras para darle una mayor permanencia y sistematicidad, que muchas veces el territorio demanda”.