Facultad de Ciencias Humanas

Discursos “oficiales” sobre la inseguridad en Ecuador y Argentina: relatos sobre una articulación académica que revela patrones de polarización en las presentaciones presidenciales

VOCES DEL DOCSOC – CONVENIO DE COOPERACIÓN ACADÉMICA INTERNACIONAL UNRC / UASB


Un equipo de investigadores de la Universidad Andina Simón Bolívar y de la Universidad Nacional de Río Cuarto llevaron a cabo un estudio que se propone analizar las narrativas oficiales sobre la inseguridad en Argentina y Ecuador respectivamente. Entrevista realizada por la Dra. Paola Demarchi (UNRC)


Un equipo de investigadores de la Universidad Andina Simón Bolívar y de la Universidad Nacional de Río Cuarto, en el marco de un Convenio de Cooperación Académica, llevaron a cabo un estudio que se propone analizar las narrativas oficiales sobre la inseguridad en ambos países. Concretamente, el estudio se ubica en el año 2024 y en las presentaciones de los Presidentes Javier Milei (Argentina) y Daniel Noboa (Ecuador). Dicha coyuntura permite la realización de valiosas comparaciones en relación a las enunciaciones presidenciales referidas a la problemática de interés.

Al unificar criterios metodológicos, la investigación posiciona a la comunicación como una herramienta estratégica para identificar patrones de polarización discursiva y brindar reflexiones acerca de la calidad democrática frente a la configuración de relatos únicos. A través de ejes conceptuales definidos de manera conjunta, las interpretaciones definen una línea teórica que articula comunicación, política e información pública.

En la siguiente nota, la Dra. Saudia Levoyer y el Dr. Pablo Escandón, docentes de la Universidad Andina Simón Bolívar integrantes del equipo, nos comentan cómo inició el proyecto, cuáles fueron los principales cuestionamientos, desafíos y hallazgos. Más allá de los aportes técnicos del trabajo, en los relatos de los entrevistados subyace un compromiso académico frente a los riesgos que suponen las configuraciones discursivas analizadas. En este marco, los investigadores se proponen elevar el debate desde lo puramente judicial o criminalístico de la problemática hacia una dimensión comunicativa estratégica que, consideran, puede ser una respuesta para proteger la democracia en lugar de ser «cómplice» del sistema polarizado.

Entrevista a la Dra. Saudia Levoyer y al Dr. Pablo Escandón (UASB)

La investigación que se llevó a cabo por Saudia Levoyer y Pablo Escandón, de la Universidad Andina Simón Bolívar, Ecuador (Entrevistados –EE-), Paola Demarchi (Entrevistadora –PD-) y Gustavo Cimadevilla, de la Universidad Nacional de Río Cuarto, Argentina, aborda una problemática que aúna diversos intereses de las Ciencias Sociales, especialmente de las Ciencias de la Comunicación y la Ciencia Política. El mismo aborda el análisis de los discursos presidenciales acerca de la inseguridad en ambos países.

En relación al origen de las preocupaciones, los investigadores entrevistados señalan que el interés surgió de una problemática muy evidente en Ecuador desde 2018: la violencia criminal.  Asimismo, señalan que muchas de las inquietudes que identifican en su país son compartidas en la coyuntura argentina. Veamos cómo describen el escenario ecuatoriano:

EE- Desde que acá se produjo el atentado con coche bomba en Esmeraldas y se asesinaron a tres periodistas, la atención ha estado puesta en la criminalidad que también ha mostrado su rostro a través de masacres carcelarias, asesinatos selectivos, extorsión, secuestro, toma de una estación televisiva. A nivel político y judicial, la cuenta también ha sido alta con las denuncias y sentencias en contra de operadores de la justicia como jueces, fiscales, abogados, personal de la Policía Judicial y del sistema penitenciario. También hay exlegisladores, exasesores políticos y de comunicación, a lo que se suma las denuncias hechas a nivel presidencial -Lenin Moreno, Guillermo Lasso y Daniel Noboa- de la vinculación del narcotráfico con los opositores aglutinados en el correísmo (hoy Revolución Ciudadana), que tiene en el exilio a su máximo representante y algunas de sus cabezas bajo investigación por diversos delitos.

A pesar de reconocer las características particulares de la problemática en Ecuador, los docentes señalan que el crimen organizado, sus asociaciones con el narcotráfico y sus delitos derivados son un problema regional. Por este motivo, enfatizan la importancia de identificar la narrativa oficial que lo aborda. Y, en el caso del estudio binacional desarrollado, resultó interesante comparar la óptica de gobiernos que están alineados a la actual política de Estados Unidos, son feroces críticos de los socialistas del siglo XXI y llevan algo más de un año en el ejercicio de su cargo.

PD- En el abordaje de la “inseguridad”, ¿consideran que los discursos presidenciales intentan describir una realidad, representar demandas sociales o configuran nuevas definiciones del orden social? ¿Identifican abordajes comunes?

EE- Hay puntos en común. Uno de ellos es la presencia que se le da a la actuación del Estado, especialmente de la fuerza pública (militares o policías) ante este gravísimo y complejo problema de la inseguridad. Su presencia en las calles ya de por sí es un mensaje que ayuda a fortalecer el relato central: llegaron quienes saben qué se debe hacer y cómo hacerlo. Ellos son los héroes que llegan a romper con ese pasado equivocado que no ha sabido responder a los ciudadanos; ellos vienen con las ganas, con la decisión férrea de hacer la diferencia.

En los análisis comparativos, encontramos para ambos países las mismas líneas argumentales de los antagonistas maléficos para la sociedad frente al salvador del estado nación, el presidente, con lo cual se crea una narrativa de buenos, malos, héroes, villanos, y la sociedad está en una expectación de lo que ambos actores hacen para salvarlos o afectarlos. No hay relatos medios ni mediadores; solo sancionadores y punitivos, con lo cual vemos la polarización de quienes están a favor y en contra.

El estudio destaca que los mandatarios utilizan el miedo como recurso retórico para consolidar su poder, presentando a la fuerza pública como la única salvadora frente al caos. Al vincular a la oposición política con la delincuencia, se construye un «otro» amenazante que contribuye a simplificar problemas estructurales complejos bajo una óptica meramente punitiva. 

PD- ¿Qué figuras o sujetos sociales aparecen construidos como la amenaza en los discursos de ambos países?

EE – Las figuras malas son los criminales, quienes se atreven a no estar de acuerdo con las acciones que se han tomado. Hay una suerte de absolutismo que es más fácil de crear en sociedades altamente polarizadas. Se vincula a los políticos directamente con los criminales. De esa manera, todo se banaliza y se reduce a que el país está en manos de estos grupos, que han tomado todos los espacios y, por ello, los presidentes son los que están “saneando” el país. Ese “otro” siempre es volátil, porque cualquiera que está en contra del mandatario ya es considerado narco, criminal, y todos los demás adjetivos.

La inseguridad resulta un eje estructurante acerca de lo que se define como problemático. Y si bien los estudiosos destacan que no se puede negar que se ha convertido en un tema muy importante, hay que considerar que la situación también se asocia a una falta de atención en el aspecto social, en la desidia y descuido no solo de los gobernantes, “sino de a quienes les interesa que la gente se mantenga pobre, porque ahí es donde pesca a río revuelto. Hay estudios, sobre todo en Europa y Estados Unidos que entienden el papel estratégico de la comunicación frente a estos desafíos urgentes y profundos, pero en Latinoamérica estos son escasos, muchos están orientados básicamente al campo de la criminalidad, la justicia, el derecho, los derechos humanos, pero se olvidan del elemento comunicativo que es central” sostienen Levoyer y Escandón.

Además, los investigadores enfatizan que, en los discursos presidenciales, la inseguridad social, económica y de bienestar está asociada a la criminalidad. No se trata de un tema estructural de gestión del estado o de perspectiva de aplicación de políticas públicas en favor de los grupos más desfavorecidos. El discurso se centra en la administración y la seguridad —citando a menudo modelos como el de Bukele— para sugerir que el progreso sólo es posible si se acaba con la criminalidad, omitiendo las fallas estructurales del Estado.

En última instancia, la obra busca reflexionar sobre el impacto de estos relatos en la democracia y la necesidad de una comunicación pública que trascienda el odio y la estigmatización. Los investigadores señalan:

EE- Lo interesante es encontrar patrones de repetición para que podamos presentar procesos que los anulen, en cuanto a construcción y refuerzo de la polarización. Es entonces cuando se tiene que trabajar para desmontarla, no desde una postura partidaria sino desde un consenso comunicacional y social para tomar acciones y rebajar los índices de polarización, autoritarismo, descalificación y odio.