Desandar, retomar e iniciar ciertos caminos interpretativos en torno a la problemática ambiental
10735
post-template-default,single,single-post,postid-10735,single-format-standard,bridge-core-1.0.5,ajax_fade,page_not_loaded,,qode_grid_1200,qode-theme-ver-18.1,qode-theme-bridge,qode_header_in_grid,wpb-js-composer js-comp-ver-6.0.5,vc_responsive

Desandar, retomar e iniciar ciertos caminos interpretativos en torno a la problemática ambiental

Desandar, retomar e iniciar ciertos caminos interpretativos en torno a la problemática ambiental

Dra. Gabriela Inés Maldonado

Departamento de Geografía – Instituto de Estudios Sociales, Territoriales y Educativos – Universidad Nacional de Río Cuarto – CONICET

 

 

La discusión, al menos académica, en torno a la temática ambiental ya ha superado la mediana edad. Quienes trabajamos en esta línea nos esforzamos por buscar algunas raíces interpretativas en discusiones que se desarrollaron en el siglo XIX, pero ciertamente no fue hasta la segunda mitad del siglo pasado que el ámbito académico comenzó a transitar un camino analítico en torno al “ambiente”. Podríamos decir, sintéticamente, que ese inicio se marcó por dos grandes discusiones: por un lado, aquella liderada inicialmente por el Instituto Tecnológico de Massachusetts (MIT), auspiciado por el Club de Roma, que advirtió sobre los límites del crecimiento a través de un abordaje que vinculaba el crecimiento poblacional, la producción de alimentos, la contaminación, la industrialización y el agotamiento de los recursos no renovables. Este enfoque advertía especialmente sobre las limitaciones derivadas del rápido crecimiento poblacional y la escasez de alimentos, en un claro enfoque de corte malthusiano. Por otro lado, en los mismos años la Fundación Bariloche (creada en la ciudad de Bariloche en la década del ´70) también problematizaba sobre la situación ambiental, pero desde un enfoque claramente distinto al del MIT, puesto que su finalidad fue demostrar que el futuro de la humanidad dependía de transformaciones sociales, políticas y económicas profundas que deberían sustentarse en un problema fundamental: la distribución (no ya en los “límites naturales” desprovistos de contextos socio-económicos e históricos).

desmonte

Luego, más recientemente, la discusión en torno al cambio climático y la responsabilidad del “hombre” en su aceleración reforzó la discusión sobre la degradación y contaminación ambiental, al tiempo que también reactivó un camino largamente recorrido (y no por eso virtuoso): la necesidad de imaginar respuestas del mercado para contrarrestar los problemas originados por el mercado. Lamentablemente esta discusión ha adquirido tal peso en el mundo (diríamos) occidental, que la problemática ambiental nuevamente se reduce a un problema: generar opciones “verdes” de mercado que hagan de la mitigación del cambio climático un negocio, y así nacen el pago por los servicios ambientales, el mercado del carbono, y otras herramientas de la economía ambiental tales como los costos por enfermedad, por relocalización, entre otros.

Dia-Mundial-del-Medio-Ambiente

Ha pasado más de medio siglo y el camino hoy nos encuentra casi en el punto del inicio: la predominancia de los mismos abordajes interpretativos, aquel de corte neomalthusiano o aquel de corte distributivo. En el primero, por ejemplo, se sustentan las grandes empresas multinacionales que producen semillas modificadas genéticamente sobre la base de un discurso que proclama la necesidad de producir cada vez más alimentos (y energía) de manera (dirán en sus discursos) sustentable, para un mundo crecientemente superpoblado; en el segundo se sustentan académicos y movimientos sociales que reconocen que la problemática ambiental tiene su base en problemas distributivos, no solamente de los alimentos, sino también de la apropiación y usos de los recursos naturales y, tan importante como lo anterior, de las consecuencias negativas de su explotación (mal llamadas externalidades negativas).

Hoy, a más de 60 años de aquella discusión, tenemos la obligación de desandar el camino transitado, recuperar las discusiones históricas y reconocer la intencionalidad que subyace a cada una. También debemos retomar aquellos caminos interpretativos que nos interpelan en nuestro accionar diario, en el cual no sólo “salvamos el mundo” no usando bolsas de plástico o comprando productos biodegradables (éstas son respuestas necesarias pero individuales), sino que también debemos retomar aquellos caminos que exponen la matriz distributiva desigual que permea toda la sociedad global, latinomericana y argentina. Por último, la multiplicación de conflictos socioambientales en todo el mundo, pero especialmente en América Latina (en parte evidencia de los conflictos ecológicos distributivos) tiene que animarnos a iniciar un camino que rompa con ciertas estructuras académicas rígidas e incorporar otras formas de conocimiento, otras formas de vida, otros sentires. Porque en definitiva el ambiente no es sinónimo de naturaleza (como antónimo de lo social), tampoco es sinónimo de mercado: el ambiente es sinónimo de vida.