LA FACULTAD DE CIENCIAS HUMANAS EN CONTEXTOS CARCELARIOS.
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LA FACULTAD DE CIENCIAS HUMANAS EN CONTEXTOS CARCELARIOS.

LA FACULTAD DE CIENCIAS HUMANAS EN CONTEXTOS CARCELARIOS.

Así se llama el proyecto que lleva adelante un grupo de profesores y graduados de la UNRC, que buscan responder a la necesidad de estudio de jóvenes en situación de cárcel en la ciudad de Río Cuarto.

Estudiar para ser libres, nunca mejor dicho. Pero no en un sentido literal de la libertad que se contrapone a la realidad de los estudiantes carcelarios, sino en uno espiritual, que les sirve como una vía de escape de sus celdas, de sus pensamientos… Mariana Gianotti, profesora de la UNRC e integrante del grupo que lleva adelante el proyecto, cuenta que los alumnos esperan el encuentro pedagógico desde un lugar de libertad. “Es realmente la educación como libertaria, esa lógica que uno leyó en Freire y que no te la podes representar porque uno tiene todas las otras libertades, en la cárcel es clarísimo, el espacio de estudiar es el hoy”.   

La Ley de Educación vigente hace ya más de 10 años promueve e instala la educación como derecho, en todos los niveles, en contextos de encierro como modalidad. Los detenidos de la cárcel de Río Cuarto tienen la posibilidad de realizar allí el primario y el secundario (ambos modalidad de adultos), pero el problema aparecía cuando, impulsados y animados por los profesores, querían continuar con estudios universitarios. Entonces, el proyecto surgió a raíz de un pedido que hizo el Servicio Penitenciario a Secretaría Académica de la Facultad y también de la Universidad, donde expresaba que había detenidos interesados en estudiar una carrera universitaria, que se anotaban en una, pero que luego no recibían ningún tipo de articulación con la Facultad. “Así  empezamos a generar nuestro propio proyecto en la cárcel, con la idea de que la Facultad pueda ir dando respuestas cada vez más a ajustadas a las necesidades de esta población que tiene privación de la libertad ambulatoria, es decir, no pueden circular libremente por la calle, por lo tanto no pueden venir a cursar, pero si tienen y no tienen por qué perder el derecho a estudiar en la educación superior”, expresa Gianotti.

El año pasado, y luego de un ciclo de formación específico en el tema, se constituyó un equipo que generó el proyecto actual, aprobado por la SPU y en curso este año. Las carreras que se están desarrollando en la cárcel son abogacía y enfermería, con un total de 15 alumnos. Una curiosidad del Penal de Río Cuarto, y que no se da en todas las instituciones carcelarias, es que hombres y mujeres estudian juntos. “Fue una lucha interna, y está bueno, porque eso permite también que el espacio de estudio sea un espacio de encuentro más normal, más natural”, dice Gianotti.

Los obstáculos y dificultades para enseñar en la cárcel son muchos. Todo aquello que parece tan natural e interiorizado en la rutina de un estudiante universitario, para los estudiantes de la penitenciaria se presenta como un problema. Por ejemplo, el acceso al material de estudio o las consultas con los profesores. En el primer caso, lo que el equipo de la UNRC hizo, fue pedir a los profesores de cada materia que armen una carpeta con todo el material y luego ellos, en un trabajo conjunto con el Centro de Estudiantes, las imprimieron y llevaron al penal. En cuanto a lo segundo, los profesores y graduados que integran el equipo van a la penitenciaria cada 15 días, unos para realizar tutorías sobre materias específicas y otros sobre el aprendizaje a ser estudiantes (donde les enseñan, por ejemplo, técnicas de estudio).

Por otro lado, se encuentran las reglas propias del penal. “Fueron todo un desafío las reglas del servicio penitenciario, que se contraponen mucho con las reglas de la universidad. Acá nosotros nos manejamos con una autonomía invaluable y allá para todo hay que pedir permiso, para todo hay que tener permiso, para todo hay que avisar 15 días antes, hay un montón de reglas que uno empieza a aprender y empieza por lo tanto a incorporar, para poder entrar en código con esa institución que te tiene que habilitar el permiso, porque si no, no podemos hacer nada. Todo eso es como un gran mundo”, manifiesta Gianotti.

Sorteando todos los obstáculos que van apareciendo, el proyecto se va abriendo camino. Los estudiantes del penal cursan una materia y luego la rinden con la modalidad libre de la UNRC, ante el mismo tribunal que lo hace un alumno en la universidad y con el mismo examen y programa. “Nosotros queremos que ellos estudien y que tengan el título que los habilite para lo mismo, es el mismo título y ellos si van a registro están en la misma nómina, no dice “cárcel” al costadito. O sea, ellos no tienen la marquita de… porque también, eso sería poco inclusivo. Eso sería un simulacro. Vamos lento, pero vamos tratando de que lo que ellos estudian sea lo mismo que estudian acá, que lo que ellos rinden sea lo mismo que rinden acá”, explica Gianotti.

La inclusión es uno de los fines que persigue este proyecto. Pero no es el único. Mejorar la calidad de vida al interior del penal es un desafío que día a día tiene el equipo. Mejorar la calidad de vida hoy a través de la educación y sin pensar demasiado en el mañana, porque el futuro es incierto para los estudiantes. Algunos están condenados, otros procesados en espera de la condena, ninguno sabe qué viene después, pero todos los que están en las aulas quieren estudiar. “El nivel de respeto con el cual los estudiantes nos tratan cuando uno va, es impresionante. Porque ellos están a la espera de que uno vaya a ayudarlos mucho más que los estudiantes que naturalmente vienen a las clases. La dimensión de “no vienen porque tienen miedo de lo que les pueda pasar acá” la tienen muy consciente, entonces a mí me han dicho cosas como “dígale a los otros profes que nosotros acá nos portamos re bien y nos les hacemos nada, así quieren venir, porque tienen miedo”, cosas así”, recuerda Gianotti.

Por Noelia Bettiol.