Facultad de Ciencias Humanas

24 mayo, 2022 2:35 am

16 al 20 de Mayo - Exámenes generales

Malvinas:

40 años después

Cuando cayó el soldado Vojkovic
dejó de vivir el papá de Vojkovic
y la mamá de Vojkovic y la hermana
También la novia que tejía
y destejía desolaciones de lana
y los hijos que nunca
llegaron a tener
Los tíos los abuelos los primos
los primos segundos
y el cuñado y los sobrinos
a los que Vojkovic regalaba chocolates
y algunos vecinos y unos pocos
amigos de Vojkovic y Colita el perro
y un compañero de la primaria
que Vojkovic tenía medio olvidado
y hasta el almacenero
a quien Vojkovic
le compraba la yerba
cuando estaba de guardia
Cuando cayó el soldado Vojkovic
cayeron todas las hojas de la cuadra
todos los gorriones todas las persianas

Del poemario “Soldados” de Gustavo Caso Rosendi.

Malvinas

Por: Silvina Barroso*
Profesora en el Departamento de Letras

 “Las Islas Malvinas”, “la cuestión Malvinas”, “la causa Malvinas”, “la soberanía sobre Malvinas”, “el colonialismo sobre Malvinas”, “los soldados de Malvinas”, “los veteranos de Malvinas”, “los excombatientes de Malvinas”, “los héroes de Malvinas”, “las víctimas de Malvinas”, “los muertos de Malvinas”, “la Guerra de Malvinas”… núcleos semánticos que configuran un entramado significativo que no termina de armar un(os) relato(s) explicativo(s) capaz de dar cuenta de la complejidad y densidad de sentidos, históricos, políticos, identitarios que se aglutinan alrededor de Malvinas. Entramado conceptual que (se) nutre (d)el sentido común y de sentidos  naturalizados en esta cultura sin dar el salto a la construcción de categorías analíticas para la comprensión de, y el diálogo con, la experiencia social.

Una narrativa errante, diaspórica, que por momentos se silencia, por momentos reemerge con la fuerza de una deuda política, de un compromiso ético y moral y por momentos descansa en una meseta que se revive dos fechas al año en el calendario de efemérides como si en ese recuerdo forzoso se conjurara un destino trágico, una épica ausente, una pérdida, un despojo, una vergüenza.  

En la cultura nacional puede advertirse cierta imposibilidad del relato, una negación a darse una narrativa sólida, a constituir una reflexión categorial analítica capaz de profundizar, desnaturalizar y deconstruir los discursos que conforman la trama simbólica mítica sobre los sentidos tradicionales -comunes- sobre Malvinas. Esta imposibilidad para explicar Malvinas estaría atravesada por sentimientos encontrados que se enfrentan, tensionan y se resisten a asumir posiciones que echan “sal en las heridas” de una sociedad a la que le ha resultado consolador sostener discursos que no  interpelan la imaginación pública ni sus lugares comunes; discursos que no se atreven a deslizar una postura que parezca poner en cuestión la glorificación de la causa Malvinas (el reclamo de soberanía) aunque sí la metodología de la Guerra.

Si bien en el escenario cultural actual se pueden leer emergentes críticos que se atreven a formular interrogantes y esbozar nuevas explicaciones a los sentidos establecidos en el ideario nacional(ista) alrededor de Malvinas, creemos que aún hay mucho que decir, interrogar, problematizar, hipotetizar, desarmar y rearmar, proponer, descomponer, articular y desarticular sobre el tema.

 Es desde la ficción que se pueden proponer reflexiones que desborden la imaginación en orden a la identidad de los argentinos y de la nación, sus procesos de construcción, y las concepciones de patria, de nación de nacionalismo y nacionalidad. La escuela y la universidad deben proponer un discurso abierto sobre la temática a las nuevas generaciones para poder resignificar críticamente Malvinas en un debate abierto y permanente para una construcción identitaria capaz de encarnar en el futuro los desafíos internacionales de reclamo por su soberanía sobre las islas.

Las guerras, como acontecimientos trascendentales en las vidas de las naciones, en cuyos relatos se funda la épica nacional, para el senti(r)do común del argentino están atravesadas de significaciones vinculadas con la vergüenza y el oprobio; de allí que la literatura del siglo XX, desde la corriente revisionista, las narran en clave trágica y crítica. En el caso de la guerra de Malvinas, el tono trágico y la crítica, además, se enlazan con la farsa y la parodia en clave definitivamente anti-épica. 

La retórica que definió el estado argentino para construir la explicación y el justificativo de la guerra de Malvinas intentó fundarse en el paradigma retórico y poético de la guerra independentista: el destino heroico, la inquebrantable voluntad de soberanía, recuperación de derechos sobre el territorio, unidad nacional, construcción de un enemigo para la nación. El gesto discursivo fue efectivo para una enorme porción de la ciudadanía que adhirió a las arengas públicas del entonces presidente del Estado golpista. Sin embargo, ese gesto resultó tan burdo, sobre todo, tras la derrota ya que la distancia entre el discurso bélico nacionalista estatal y la contundencia de los acontecimientos se volvió infranqueable. Es en esta grieta en el campo discursivo en el que se va inscribir la literatura de Malvinas, de allí que resuelve su forma narrativa en clave de farsa, de parodia, de tragedia, de inversión.

Así, más allá de los sentidos sobre la Guerra de Malvinas que se ponen a discusión y revisión, el abordaje desde la multiplicidad de sentidos que el texto literario propone con su potencialidad epistemológica en orden a las lecturas históricas-políticas se constituyen como motores de la construcción de memorias situadas, historizadas, ejemplares.  Así memoria y literatura constituyen dispositivos culturales fundamentales para reorientar prácticas pedagógicas para la construcción de una ciudadanía crítica y activa en las agendas histórico-políticas del presente en torno a la revisión y redefiniciones de identidades.

Desde Los pichiciegos (Rodolfo Fogwili-1982) hasta Ovejas  (Sebastián Ávila 2021) la literatura argentina insiste con Malvinas; hay un relato inacabado, hay una necesidad de volver a Malvinas, siempre y la literatura parece ser el discurso que reafirma esa voluntad nacional; la que bucea en el sinsentido de la guerra y hace memoria.

*Directora de: Repensar Malvinas desde el discurso público/escolar. Construcción de categorías analíticas desde la literatura y el cine. Convocatoria 2015 Malvinas y Universidad SPU.

Directora del PPI: “Literatura, cultura y política: repensar Malvinas desde el discurso público educativo. Construcción de categorías analíticas desde la literatura y el cine” 2016-2018

Malvinas: miles de maneras de mirar unas manchas

Por: Pablo Dema
Profesor en el Departamento de Letras

Acaso no sea descabellado afirmar que la intensidad de un momento histórico se mide por el contraste entre la brevedad de su consumación y su capacidad de persistir en la memoria colectiva. Los 72 días que duró el conflicto bélico de Malvinas en 1982 dieron lugar a una cantidad de actos y de palabras, de rituales y de reflexiones que, lejos de menguar, se incrementan año a año, transformando a Malvinas en uno de los temas más densos de nuestra historia reciente. Los estudios académicos, las acciones diplomáticas, la glorificación de quienes se sienten héroes, las reivindicaciones de quienes se sientes víctimas, las efemérides escolares, el triunfalismo y el derrotismo de la sociedad argentina, el nacionalismo fatal y los justos reclamos de soberanía, todo eso converge en Malvinas para transformarla, más que en un espacio real a recuperar, en un espacio en el que el imaginario argentino se proyecta en su totalidad. La pregunta por Malvinas se transforma, por su densidad, en una pregunta por lo que somos y por lo que nos debemos como argentinos. 

Un índice de la complejidad de Malvinas es la creciente incursión de los protagonistas del conflicto en el terreno del arte. Sus voces se incorporan a través de la pluma de escritores que los consultan antes de escribir, como lo hizo por ejemplo recientemente Juan Terranova, quien en se entrevistó con cuarenta excombatientes durante el proceso de escritura de su novela Puerto Belgrano (2017). Algo similar a lo que hizo Patricia Ratto para documentarse acerca de la incursión de los submarinistas que intervinieron en Malvinas narrada en su novela Trasfondo. Más significativo aun es el caso de la obra teatral Campo minado, dirigida por Lola Arias y estrenada en 2015, en la que trabajan tres excombatientes argentinos y tres excombatientes ingleses. La obra es un verdadero acto de rememoración pasado por el cedazo del proceso creativo que entra en diálogo con públicos diversos, tanto argentinos como extranjeros. El libro de poemas Soldados, del excombatiente Gustavo Caso Rosendi, y el libro para niños Pipino el pingûino, el monstruo y las Islas Malvinas, del también ex combatiente Claudio Garbolino son dos muestras más de la compleja elaboración del tema de Malvinas y su integración en diferentes estratos de la sociedad argentina. A 40 años del conflicto, hay miles de maneras de mirar unas manchas situadas en un lugar a la vez remoto e íntimo de todos los argentinos.

Las Malvinas argentinas

Malvinas a 40 años de la Guerra.
Acuerdos, disputas y deudas pendientes de la democracia argentina.

Por: Gustavo Eduardo García
Prof. Dpto. Ciencias Jurídicas, Políticas y Sociales - FCH- UNRC – Coord. Área Malvinas.

El dos de abril de 2022 se conmemora el cuarenta aniversario de la recuperación de nuestras Islas Malvinas y demás archipiélagos del Atlántico Sur. Si bien la derrota militar ha sido considerada  como un “hecho bisagra” en la historia de nuestro país, dado que dio término a un largo período signado por la presencia de gobiernos militares, para los que estudiamos la denominada “Cuestión Malvinas”, la guerra significó otro capítulo- quizás el más doloroso- en el largo derrotero de reclamos nacionales sobre los archipiélagos irredentos y que tuvo como punto de inicio a la usurpación británica operada en el siglo XIX. 

Por ello, al cumplirse un nuevo aniversario de la gesta, podemos- y debemos- preguntarnos: ¿Qué ha hecho la democracia argentina en estos casi treinta y nueve años, por honrar a los caídos y a los que, desde diferentes espacios y roles, han luchado por la recuperación de los territorios de los que fuimos ilegítimamente expulsados? 

En este sentido, no está de más recalcar que la derrota militar no ha privado a la República Argentina de sus legítimos derechos sobre las islas australes y sus espacios marítimos circundantes. De hecho, las resoluciones posteriores al conflicto, aprobadas en el seno de la Asamblea General de Naciones Unidas, mantuvieron los principios esgrimidos por la Resolución 2065/XV de 1965. Esto es, reconocieron la existencia de una “disputa de soberanía” territorial entre el Reino Unido de Gran Bretaña e Irlanda del Norte y la República Argentina, que debía resolverse a través de negociaciones que tuviesen en cuenta los intereses- y no los deseos- de la población isleña.  

Sin embargo, no podemos desconocer que la guerra también cambió la forma en que se desarrollarían las relaciones entre las partes en conflicto hacia el futuro. Para los británicos la victoria militar implicó la negación expresa de la disputa y de su obligación de negociar la soberanía sobre las Islas, pese a que los acercamientos operados en el período transcurrido entre 1965 y 1982 no dieron los resultados esperados. Todo lo contrario, al año de concluidas las hostilidades se comenzó con un plan de inversiones nunca antes visto por parte de la Corona en las Islas Malvinas, que incluyó la construcción de una base militar- la más poderosa del Atlántico Sur- inaugurada en 1985, la aprobación de una Constitución, el otorgamiento de ciudadanía plena para los isleños y la invocación del “derecho a la autodeterminación” de la población isleña como argumento central de justificación de la ocupación británica a nivel internacional. 

A pesar de lo falaz que pueda resultar la utilización del argumento de la autodeterminación de los pueblos para una población que lejos está de poseer las características propias de un “pueblo con derecho a autodeterminarse”, lo cierto es que con el correr de los años fue obteniendo apoyos internacionales que hicieron aún más difícil la posibilidad de habilitar canales de negociación sobre la soberanía sobre las islas. En esta línea, los sucesivos gobiernos  democráticos no encontraron las herramientas que habilitaran o fueran marcando un camino en ese sentido. 

En general, podemos resumir las políticas exteriores de los gobiernos democráticos en dos líneas bien claras. En primer lugar, aquellas que se negaron a discutir con los británicos cualquier aspecto relacionado con los archipiélagos que no incluyeran a la soberanía sobre los mismos. Aquí podemos nombrar a los gobiernos de Raúl Alfonsín, Fernando de la Rua y, actualmente, a los gobiernos de Néstor Kirchner, Cristina Fernández y Alberto Fernández. Por otro lado, tenemos las políticas exteriores de gobiernos como los de Carlos Menem y Mauricio Macri que pretendieron hacer concesiones económicas hacia los británicos – y los isleños- como una manera de abrir un canal de dialogo, que bajo la figura del “paraguas de soberanía” permitiese, en el mediano o largo plazo, ir incluyendo aspectos vinculados a la soberanía sobre los territorios en disputa. Lo cierto es, que transcurridos ya casi cuarenta años de gobiernos democráticos, las posibilidades de recuperar los territorios reclamados aparecen en el horizonte, mínimamente,  como de difícil concreción en el corto o mediano plazo.  

De hecho, pareciera que las discusiones internas sobre la materia, manifestadas por los diferentes sectores políticos, están destinadas a quedar atrapadas en alguna de estas dos líneas antes mencionadas, condenadas a cambiar en un sentido o en otro, según el gobierno de turno. Esto impide toda discusión innovadora sobre cómo encarar las reclamaciones de una manera más eficaz. Con el tiempo transcurrido, lo que sí parece quedar en claro es que la recuperación de los territorios no se va a dar de un día para el otro y sería ilusorio pensar que vaya a ser el resultado de medidas tomadas por un solo gobierno. 

Quizás la Resolución AG 2065/XV antes mencionada deba servirnos de modelo sobre  cómo debe encararse una política exterior que tenga como norte la recuperación de nuestras islas. Lejos de ser el resultado de la visión política de la Cancillería liderada, por aquel entonces, por el Dr. Miguel Ángel Zavala Ortiz, su aprobación implicó un trabajo diplomático iniciado mucho tiempo antes. No podemos pensar el éxito de una política solo por la clarividencia de un solo líder político. La “Cuestión Malvinas”, si bien tuvo una repercusión internacional mayor con la aparición de la Organización de las Naciones Unidas en 1945 y el proceso de descolonización iniciado en ese período, no hubiese sido posible, de no ser por la decisión constante demostrada por la diplomacia argentina, casi desde el mismo momento en que se produce la usurpación en enero de 1833 y la aparición de la “doctrina Guido”, que estableció la necesidad de no cesar en las reclamaciones y quejas ante el Reino Unido, aunque las mismas no sean respondidas en el sentido y el tiempo deseado. 

Esta realidad es la que nos obliga, a cuarenta años del conflicto, a repensar una política exterior que tenga en cuenta las actuales características del orden internacional, la necesidad de consolidar alianzas con los países de la región y del Tercer Mundo- sobre todo con los que mantienen conflictos coloniales que perduran hasta el día de hoy- siempre con el objetivo de presionar a los británicos para que se restablezcan las negociaciones sobre la soberanía de las islas. Es momento que la democracia argentina asuma la responsabilidad que pesa sobre ella en la búsqueda de nuevos caminos. 

Los caídos en las islas y los que allí combatieron merecen ese reconocimiento.

(De)construcción de sentidos sobre Malvinas: la visión antiépica de la literatura argentina contemporánea

Por: María Belen Urquiza
Graduada en el Departamento de Letras

Como afirma Vicente Palermo (2007), en la actualidad la guerra de Malvinas es un reemergente en el campo sociopolítico cultural, y esto hace que siga constituyendo un elemento central para la configuración de la identidad nacional. En este sentido, existen diferentes nudos problemáticos que hacen que la guerra de Malvinas sea un evento difícil de codificar en la memoria colectiva de nuestro país. En primer lugar, la guerra y sus protagonistas oscilan entre dos extremos inaccesibles a la discusión: el limbo de las víctimas, o el Panteón atemporal de los héroes y mártires de la Patria. En segundo lugar, el silenciamiento y/o apropiación que se hizo del conflicto en distintos momentos generó casi tantas muertes después de junio de 1982 como durante esos 74 días de 1982, es decir que la forma en que se recuerda el conflicto bélico, sus muertos y cómo se trata a sus sobrevivientes ha dejado marcas físicas y psíquicas en los cuerpos, pero también en el territorio, no solo en los protagonistas, en distintas localidades, sino también en el imaginario colectivo de nuestro país. En tercer lugar, el silencio y la dificultad para pensar Malvinas y a los excombatientes y sus organizaciones da cuenta no solo de la complejidad de los hechos sino también de cierta incomodidad para pensar las responsabilidades sociales por el lugar que tienen quienes combatieron, en nuestra memoria.  Lorenz (2011) afirma que “formamos parte de sociedades que, postconflicto, han construido una imagen pacífica de sí mismas, lo que dificulta aún más la idea de que las guerras y las violencias fueron legitimadas y naturalizadas en otros momentos de la historia (inclusive por esas mismas sociedades)” (50)

 En cuarto lugar, no son lo mismo las generaciones que fueron a la guerra como conscriptos y aquellos que estaban haciendo carrera militar y eran parte de unas Fuerzas Armadas que habían llevado adelante las violaciones a los Derechos Humanos. Estos jóvenes fueron retratados como “otros” dañados, tratados, antes como víctimas, pero no como sujetos activos de la historia reciente de nuestro país, por el trauma de la derrota, pero sobre todo por la responsabilidad no asumida socialmente. En definitiva, el no tratamiento de estas diferencias dejó lugar a que otros sectores, como las Fuerzas Armadas, pudieran apropiarse, en cierta forma, de la experiencia de la guerra, recuperando cierta legitimidad luego de lo que significó la última dictadura militar.  Por último, pensar la guerra de Malvinas implica pensar la última dictadura militar, y esto es lo que más ha dificultado las distintas lecturas que se han hecho del conflicto, en gran parte porque no se lo abordó en su especificidad, es decir, como una guerra. Lorenz  explica que “cuestionar la subsunción de «Malvinas» en «la dictadura» no implica autonomizar ambos campos hasta desprenderlos de todo lazo sino exactamente lo contrario: al reforzar el objeto «guerra de Malvinas» dándole precisión, las explicaciones sobre la dictadura ganarían en complejidad” (49). Por ello, Lorenz rebate las explicaciones que hacen aparecer la guerra como un evento más de la dictadura. 

Este panorama complejo nos interpela a asumir una mirada interdiscursiva capaz de deconstruir sentidos impuestos por el discurso nacionalista que nos han anclado en el pasado — sobre el que nada podemos hacer — sin permitirnos pensar críticamente el presente y proyectar hacia el futuro –sobre el que sí tenemos incidencia–. En este sentido, las narrativas literarias que trabajan como tópico la guerra de Malvinas renuncian a la construcción de explicaciones y mantienen una relación dinámica entre los sentidos comunes de la experiencia, los sentidos impuestos por el discurso autoritario y los sentidos construidos en los años anteriores a la guerra. La literatura sobre Malvinas se erige como memorial y no como un monumento, en la medida en que no pretende generar un anclaje ni un relato unívoco, sino una apertura de sentidos.

De este modo, en el corpus de cuentos y novelas estudiados pudimos leer concepciones de la guerra desde la perspectiva de la antiépica, la construcción del soldado en tensión entre las categorías de héroe y de víctima, las distintas posturas acerca de la guerra de acuerdo al lugar geográfico desde el que se vivió. Dichos textos exploran nuevos escenarios como contar la guerra desde el fondo del mar; profundizan el uso de la ironía y el absurdo; recuperan la imagen de la guerra como juego, film, obra teatral, representaciones que  dan cuenta de una sensación de irrealidad de lo que se vive porque la imagen que se tiene de la guerra es romántica o épica y Malvinas no se amolda a esa representación, desde esa lógica no se entiende.

A modo de cierre y sin pretender un análisis exhaustivo, imposible en estas páginas, podemos concluir que la literatura sobre Malvinas tensiona y deconstruye los supuestos nacionalistas arraigados en otros discursos sociales, especialmente en el discurso oficial. Al hacerlo, propone otros sentidos para pensar Malvinas que la alejan de la glorificación y consecuente museización, y que abren el juego a debates futuros, al uso ejemplar de nuestro pasado (retomando a Todorov) y a la construcción de nuestra memoria social. Y es que hemos recibido una herencia y, en consecuencia, hemos repetido frases hechas vacías de contenido crítico y político, pero la literatura nos permite recuperar ese pasado para proyectarnos hacia el futuro, recuperar la historia de nuestro país para romper silencios y contribuir a la construcción de las memorias, porque la lectura suscita ese encuentro que “puede hacernos vacilar, hacer que se tambaleen nuestras certidumbres, nuestras pertenencias (…) Nuestras vidas están hechas de herencias, pero también están hechas de movimiento (…)”. (Petit, 1999:6)

Referencias bibliográficas

  • Lorenz, F. (2011). “El malestar de Krímov. Malvinas, los estudios sobre la guerra y la historia reciente argentina” en Revista Estudios N° 25, enero-junio 2011.
  • Palermo, V. (2007) Sal en las heridas. Las Malvinas en la cultura contemporánea argentina. Ed. Sudamericana.
  • Petit, M. (1999) Nuevos acercamientos a los jóvenes y la lectura, México: Fondo de Cultura Económica.
  • Todorov, T. (2000) “La memoria amenazada” en Los abusos de la memoria (Barcelona: Paidós)

Malvinas

Malvinas:

40 años después

40 años después y miles mas, la música tiene ese poder de mantener la memoria eterna. 

Múltiples voces se hicieron eco de Malvinas. Voces de aquí, voces de allá y de todo el mundo testigo del dolor de la guerra. 

Compartimos aquí una selección de canciones en conmemoración por estos 40 años de Malvinas. Siempre argentinas.