Un puñado de pájaros contra la gran costumbre
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Un puñado de pájaros contra la gran costumbre

Un puñado de pájaros contra la gran costumbre

Por María José Zapata. Docente de los Dptos de Trabajo Social y Filosofía – Facultad de Ciencias Humanas -UNRC

 

Anoche dormimos muy poco: algunes en estado de insomnio total, otres durmiendo de a ratos. Esperábamos la votación en el Senado que definiría si el proyecto de ley que regula la interrupción voluntaria del embarazo finalmente sería ley. No hace mucho pasamos otra noche igual entre el sueño y la vigilia y hace dos años también. Desde hace mucho que palpitamos este día, desde hace años que soñamos que llegaría.

Imaginé ese día muchas veces. Sabía que lloraría, que me emocionaría y que desbordaría de alegría. Y pasó todo eso pero distinto. Fueron 12 horas de sesión donde escuchamos los argumentos de les senadores y entonces pasábamos de la euforia a la indignación o a la incredulidad: si en otras oportunidades nos comparaban con perras ayer se habló de cerdos, escasez de comida y asesinatos en la Edad Media. Lloraba de a ratos, hablaba con amigues y colegas, seguía con atención las redes desde mi autoaislamiento. Cobró sentido para mí nuevamente algo que siempre les digo a mis estudiantes “necesitamos feministas en todos lados” necesitamos esas voces para construir un mundo más justo. Me sorprende que todavía hoy algunes critiquen al feminismo siendo que gracias a el pueden estudiar, votar e incluso criticar al feminismo mismo. Ayer escuché mucho de eso y pensé que todavía nos falta mucho por hacer.

Anoche recordamos entre todes a las mujeres y personas gestantes que han atravesado el dolor de un aborto clandestino: las que están y las que murieron. Recordamos a las niñas madres obligadas a parir. A nuestras abuelas, madres, maestras que abortaron en silencio, soledad y estigmatizadas. Y lloramos por todes.

Entre mensajes, memes y llamadas recordamos también a las primeras mujeres que soñaron con esto. Reivindicamos ese encuentro de mujeres del 2003 que decidió darse una estrategia legislativa para legalizar el aborto y de cómo ese día llenaron de pañuelos verdes la ciudad de Rosario. Pañuelos que devinieron símbolo.

Nunca pensé que esto sucedería en medio de una pandemia. Y que no podría acuerparme con otres, sin embargo no estuve sola. Me acordé de una cita de Judith Butler que dice “[…] cuando los cuerpos se congregan en la calle, en una plaza o en otros espacios públicos (virtuales incluidos) están ejerciendo un derecho plural y performativo a la aparición, un derecho que afirma e instala el cuerpo en medio del campo político, y que, amparándose en su función expresiva y significante, reclaman para el cuerpo condiciones económicas, sociales y políticas que hagan la vida más digna, más vivible, de manera que esta ya no se vea afectada por las formas de precaridad impuestas”[1]. Estos cuerpos, nuestros cuerpos cuerpas, anoche también fueron liberados del mandato de la maternidad obligatoria.

Así aconteció el ritual de la espera: canciones, bailes, vestimentas, fotos, tweets, emoticones. La expresión de estas acciones y de otras tantas, en la calle y en la virtualidad, en el espacio de lo privado y de lo público, manifestaron nuestra desobediencia, como tan bien nos dice María Pía López: “Caminamos el sendero de la desobediencia, más que de la resistencia. Desobediencia tiene aroma de fuga, corazón de rebelión, desprendimiento. Resistencia hace pensar en una ciudad sitiada que hay que defender, en una identidad amenazada que hay que proteger. Desobediencia es un impulso, una voluntad, un deseo, un conjunto de actos y prácticas: sabe menos lo que es que lo que no acepta”[2] . Y sí, nos mueve el deseo.

“Un puñado de pájaros contra la gran costumbre” se titula un texto que todos los años comparto con mis estudiantes de Trabajo Social en la Universidad.

“La lucha de un puñado de pájaros contra la Gran Costumbre.

Manos livianas las trazaron

Con la tiza que inventa la poesía en la calle,

Aquí prosigue la tarea

De escribir en los muros de la Tierra…”

 

Este es un grafitti escrito en una calle de Barcelona que sirvió de epígrafe a Diario de una resurrección del poeta granadino Luis Rosales. Lo encontré en una publicación venezolana que lleva el mismo nombre. Ese texto aglutina voces que protagonizaron el 4F de 1992 en Caracas. Intenté en ese relato que aquellas imágenes itinerantes de mi existencia, aquellos recuerdos que susurran desde el pasado, griten la injusticia de tantas -que en penumbra y a la intemperie- iniciamos nuestro vuelo osado de derribar a la gran costumbre. Anoche -entre sueño y vigilia- ese vuelo tuvo mucho sentido. Lo hicimos ley.

 

 

[1] Butler, Judith 2017 Cuerpos aliados y lucha política. Hacia una teoría performativa de la Asamblea, Paidós, Buenos Aires, p. 18.

[2] López, María Pía 2018 “Duelo, desobediencia y deseo” en Revista Internacional de la Defensa Pública de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, Buenos Aires, p. 234.